La conversación continua con Dios
Es realmente un peligro latente, y me refiero a un peligro real, que los cristianos que tienen conocimiento de la doctrina y una comprensión efectiva de sus recursos y principios espirituales puedan sentirse satisfechos, de modo que la oración desgarradora, apasionada y constante no tenga cabida, o tenga muy poca; y eso es pecado.
La oración es el aliento del cristiano. Si aguantas la respiración, es un reto. Es mucho más difícil aguantar la respiración que respirar. Lo mismo ocurre con la oración. No deberías tener que esforzarte para orar; debería ser la expresión más natural de tus pulmones espirituales para comunicarte con Dios, para dejarle entrar en cada pensamiento y cada conversación, en todo lo que ocurre en tu vida. Eso es realmente lo espiritual que hay que hacer, respirar en el sentido de que estás en comunión con Dios. Si no oras con regularidad y fidelidad, estás luchando contra tu propia naturaleza espiritual. Estás tratando de contener tu aliento espiritual. Y eso detendrá el poder. Y la causa de la falta de oración es siempre la misma: el pecado y el egoísmo.
He caminado con el Señor todos estos años; he descubierto la dulzura de esa conversación. Toda la vida es una comunión constante con Dios. Todo lo que me sucede, todo lo que me rodea, todo lo que veo y observo me empuja hacia Dios, abre mi mente y mi corazón a Él. Cuando ocurre algo maravilloso, algo bueno, alguna bendición, es muy fácil decir «gracias». Me encuentro haciéndolo prácticamente todo el tiempo: «Gracias, Señor. Gracias, Señor. Gracias, Señor». Esa es una conversación abierta. No estoy tratando necesariamente de encontrar palabras floridas. Debemos «dar gracias en todo». «Esta es la voluntad de Dios» para nosotros, dice 1 Tesalonicenses 5. Así que cuando veo las bendiciones de la vida, los desafíos de la vida que me fortalecieron y fortalecieron a quienes me rodean, cuando veo las buenas nuevas haciendo su trabajo en la vida de las personas, cuando veo la justicia y la piedad, cuando veo el ministerio floreciente y la fidelidad, y lo veo todo el tiempo, todos los días de mi vida, mi corazón simplemente dice: «Gracias, gracias, gracias, gracias». Esto se remonta a la comunión y la conversación que siempre está abierta entre el Señor y yo.
Así que la frecuencia de la oración es: todo el tiempo. La variedad de la oración: todo tipo de oración. La manera de orar: alerta y perseverante. Es una lucha. Uno se mantiene firme, sabiendo que «la oración eficaz del justo puede mucho», y que «si pides, recibirás».
Día de oración
Sábado, 28 de marzo
6:00 a. m. – 6:00 p. m.
T70 (sótano de la torre)
Únete a nosotros en cualquier momento del día para dedicarlo a la oración. Los ancianos abrirán cada hora con la lectura de las Escrituras y oración, y te invitarán a orar por las necesidades específicas de los demás, nuestros ministerios y el mundo. Será una gran oportunidad para conocer a los ancianos y a otros creyentes, confiando juntos en el Señor a través de la oración.
Las tarjetas para solicitar oraciones estarán disponibles en el patio esta mañana y el próximo domingo, o en la oficina central durante toda la semana.