Compiled by Nathan Busenitz
Here are ten reminders for Christians about the vital need to cultivate a personal prayer life, as articulated by notable ministers from church history.
1. True effectiveness comes not through methods, but through prayer.
A. C. Dixon: When we rely upon organization, we get what organization can do; when we rely upon education, we get what education can do; when we rely upon eloquence, we get what eloquence can do, and so on. Nor am I disposed to undervalue any of these things in their proper place, but when we rely upon prayer, we get what God can do.
2. A man’s prayer life is indicative of the state of his walk with the Lord.
John Owen: A minister may fill his pews, his communion roll, the mouths of the public, but what that minister is on his knees in secret before God Almighty, that he is and no more.
3. Prayer is a vital means of sanctification.
John R. W. Stott: To pray is not only to be truly godly; it is also to be truly human. For here are human beings, made by God like God and for God, spending time in fellowship with God. So prayer is an authentic activity in itself, irrespective of any benefits it may bring us. Yet it is also one of the most effective of all means of grace. I doubt if anybody has ever become at all Christ-like who has not been diligent in prayer.
4. Neglect in prayer leads to vulnerability in temptation.
J. C. Ryle: Bibles read without prayer; sermons heard without prayer; marriages contracted without prayer; journeys undertaken without prayer; residences chosen without prayer; friendships formed without prayer; the daily act of prayer itself hurried over, or gone through without heart: these are the kind of downward steps by which many a Christian descends to a condition of spiritual palsy, or reaches the point where God allows them to have a tremendous fall.
5. Busyness is never a valid excuse for neglecting prayer.
Martin Luther: Work, work from early until late. In fact, I have so much to do that I shall spend the first three hours in prayer.
6. Prayer relies on the power of the Spirit to accomplish His work in preaching the Word.
Charles Haddon Spurgeon: Shall I give you yet another reason why you should pray? Hitherto all other means have been used without effect. God is my witness how often I have striven in this pulpit to be the means of the conversion of men. I have preached my very heart out. . . . My hearers, I have done my utmost. . . . Will not your prayers accomplish that which my preaching fails to do? . . . Have we not tried to preach without trying to pray? Is it not likely that the church has been putting forth its preaching hand but not its praying hand? O dear friends! Let us agonize in prayer.
7. Prayer stamps truth onto the heart.
John Bunyan: The truths that I know best I have learned on my knees. . . . I never know a thing well, till it is burned into my heart by prayer.
8. Interceding for others reminds us that the Lord Jesus is also interceding for them and for us.
Robert Murray M’Cheyne: If I could hear Christ praying for me in the next room, I would not fear a million enemies. Yet distance makes no difference; He is praying for me.
9. Prayer knits your heart to people.
William Law: There is nothing that makes us love a man so much as praying for him; and when you can do this sincerely for any man, you have fitted your soul for the performance of everything that is kind and civil toward him.
10. God calls Christians to pray boldly and also to work diligently.
George Müller: Here is the great secret of success, my Christian reader. Work with all your might; but trust not in the least in your work. Pray with all your might for the blessing in God; but work at the same time with all diligence, with all patience, with all perseverance. Pray, then, and work. Work and pray. And still again pray, and then work. And so on, all the days of your life. The result will surely be abundant blessing. Whether you see much fruit or little fruit, such kind service will be blessed.
For more resources, visit the Prayer and Church History sections at Grace Books, or visit gracebooks.com.
“I love Yahweh, because He hears
My voice and my supplications.
Because He has inclined
His ear to me, so I shall call upon
Him in all my days.”
Psalm 116:1–2
Recopilado por Nathan Busenitz
A continuación, se presentan diez recordatorios para los cristianos sobre la necesidad vital de cultivar una vida de oración personal, tal como lo han expresado destacados ministros de la historia de la iglesia.
1. La verdadera eficacia no viene de los métodos, sino de la oración.
A. C. Dixon: Cuando confiamos en la organización, obtenemos lo que la organización puede hacer; cuando confiamos en la educación, obtenemos lo que la educación puede hacer; cuando confiamos en la elocuencia, obtenemos lo que la elocuencia puede hacer, y así sucesivamente. Tampoco estoy dispuesto a subestimar ninguna de estas cosas en su lugar adecuado, pero cuando confiamos en la oración, obtenemos lo que Dios puede hacer.
2. La vida de oración de un hombre es indicativa del estado de su caminar con el Señor.
John Owen: Un ministro puede llenar sus bancas, su lista de asistentes, las bocas del público, pero lo que ese ministro es de rodillas en secreto ante Dios Todopoderoso, eso es lo que es y nada más.
3. La oración es un medio vital de santificación.
John R. W. Stott: Orar no es solo ser verdaderamente piadoso; es también ser verdaderamente humano. Porque aquí hay seres humanos, creados por Dios a imagen de Dios y para Dios, pasando tiempo en comunión con Dios. Así que la oración es una actividad auténtica en sí misma, independientemente de cualquier beneficio que nos pueda aportar. Sin embargo, también es uno de los medios de gracia más eficaces. Dudo que alguien que no haya sido diligente en la oración se haya vuelto en algo parecido a Cristo.
4. Descuidar la oración conduce a la vulnerabilidad ante la tentación.
J. C. Ryle: Biblias leídas sin oración; sermones escuchados sin oración; matrimonios contraídos sin oración; viajes emprendidos sin oración; residencias elegidas sin oración; amistades formadas sin oración; el acto diario de la oración en sí mismo apresurado o realizado sin corazón: estos son el tipo de pasos descendentes por los que muchos cristianos caen a una condición de parálisis espiritual, o llegan al punto en que Dios les permite tener una caída tremenda.
5. El ajetreo nunca es una excusa válida para descuidar la oración.
Martín Lutero: Trabaja, trabaja desde temprano hasta tarde. De hecho, tengo tanto que hacer que dedicaré las primeras tres horas a la oración.
6. La oración se basa en el poder del Espíritu para llevar a cabo Su obra en la predicación de la Palabra.
Charles Haddon Spurgeon: ¿Les daré otra razón más por la que deben orar? Hasta ahora se han utilizado todos los demás medios sin efecto. Dios es mi testigo de cuántas veces me he esforzado en este púlpito por ser el medio de la conversión de los hombres. He predicado con todo mi corazón... Queridos oyentes, he hecho todo lo posible... ¿No lograrán vuestras oraciones lo que mi predicación no ha logrado? ... ¿No hemos intentado predicar sin intentar orar? ¿No es probable que la iglesia haya estado extendiendo su mano para predicar, pero no su mano para orar? ¡Oh, queridos amigos! Agonizemos en oración.
7. La oración graba la verdad en el corazón.
John Bunyan: Las verdades que mejor conozco las he aprendido de rodillas... Nunca conozco bien una cosa hasta que la oración la graba en mi corazón.
8. Interceder por los demás nos recuerda que el Señor Jesús también está intercediendo por ellos y por nosotros.
Robert Murray M’Cheyne: Si pudiera oír a Cristo orando por mí en la habitación de al lado, no temería a un millón de enemigos. Sin embargo, la distancia no importa; Él está orando por mí.
9. La oración une tu corazón a las personas.
William Law: No hay nada que nos haga amar tanto a un hombre como orar por él; y cuando puedes hacer esto sinceramente por cualquier hombre, has preparado tu alma para realizar todo lo que sea amable y cortés hacia él.
10. Dios llama a los cristianos a orar con valentía y también a trabajar con diligencia.
George Müller: Este es el gran secreto del éxito, mi lector cristiano. Trabaja con todas tus fuerzas; pero no confíes en lo más mínimo en tu trabajo. Ora con todas tus fuerzas por la bendición de Dios; pero trabaja al mismo tiempo con toda diligencia, con toda paciencia, con toda perseverancia. Ora, pues, y trabaja. Trabaja y ora. Y vuelve a orar, y luego trabaja. Y así sucesivamente, todos los días de tu vida. El resultado será sin duda una bendición abundante. Ya sea que veas muchos frutos o pocos, ese servicio bondadoso será bendecido.
Para obtener más recursos, visita las secciones de Oración e Historia de la Iglesia en Grace Books, o visita gracebooks.com.
«Amo a Jehová, pues me ha oído
mi voz y mis súplicas;
Porque ha inclinado a mí su oído;
Por tanto, le invocaré
en todos mis días».
Salmo 116:1–2